Rudeza necesaria

Gilberto Armenta

El reino de los sátrapas

 

El Partido Revolucionario Institucional se encuentra en el mejor de sus momentos.

 

Para que un partido político lo presuma así, ocupa tres aristas obligadas: unidad al interior, liderazgos definidos y un propósito afín.

 

Lea usted y determine si el tricolor no cuenta con ellas:

 

Claudia Pavlovich Arellano, en aparatoso evento partidario, logró conjuntar, en un solo acto, a todo el capital priista que se quiera nombrar.

 

Era obligado hacerlo ante el momento que vive el gobierno estatal.

 

Primero, una impresionante oleada de pesos pesados ha sido el tatuaje en la piel las últimas semanas. Secretarios federales, presidenciables casi todos, han pisado suelo sonorense.

 

Al mismo tiempo, efectivas acciones de la justicia en contra de ex funcionarios, ejecutadas con la aprehensión de Jorge Morales Borbón, citatorios a Bernardo Campillo, y órdenes de aprehensión en contra de Roberto Romero López y Mónica Paola Robles Manzanedo, entre otras acciones, han provocado un ambiente de excitación política difícil de superar.

 

Los dos puntos anteriores, más la marejada de acciones de gobierno que un día anuncian acciones por un rumbo del estado, y al siguiente las están ejerciendo en otro, crearon tal caldo de cultivo, que resultaba inconcebible no aprovecharlo a favor.

 

Por eso la reunión en el partido de la colonia Casa Blanca.

 

Ante el contexto actual en la sociedad, era importante mostrar la unidad en torno a la gobernadora Claudia Pavlovich.

 

Primero, era obligado reconocerle las relaciones e influencias que tiene para con la federación.

 

Segundo, había que mostrarle que es ella quien está provocando que en esta fronteriza tierra se esté haciendo justicia, y se cumpla aquella promesa de que los que la hicieron, pagaran con todo el peso de la ley.

 

Y es aquí, donde junto con pegado, la definición de liderazgos, como segunda arista, queda establecida.

 

Era importante que la militancia priista entendiera que en Sonora, la jefa, como la llama el presidente del Comité Estatal del PRI, tiene las riendas tomadas con ambas manos.

 

Y por supuesto, importante igual ubicar a Gilberto Gutiérrez Sánchez, como el brazo comprometido con las acciones que habrán de emprenderse en el ya cercano 2018.

 

Y es esta tercera arista justamente, la del propósito afín, la que se demostró de manera vertiginosa en ese cónclave que sin duda, la oposición monitoreó desde diferentes lugares.

 

Unidad, liderazgo y propósito. La marca del PRI de aquí en adelante.

 

Y tenía que ser así ante la lamentable situación que vive el PAN en este momento.

 

La pared de fusilamiento está lista para ellos, y lejos de tomar una posición responsable, se martirizan asegurando ser víctimas de una persecución política, orquestada desde el seno del gobierno estatal y del PRI.

 

Lejos de reconocer que al menos uno de los padrecistas acusados podría ser culpable, el partido del Vado del Río sigue diciendo que todo se trata de una “pirotecnia” mediática.

 

Llegaron a sentirse intocables a tal grado, que ellos mismos reclamaban, -pensando que no sucedería-, que el brazo de la justicia pegara a quien hubiera cometido ilegalidades en el padrecismo.

 

Pero cuando eso sucede, el PAN sigue desgarrándose vestiduras, y permite, además, que alcaldes panistas como Lorenzo de Cima en Guaymas presuman a Javier Alcaraz Ortega como uno de los suyos, sin importar que este hombre sea punto central entre Jorge Morales y Guillermo Padrés.

 

También, acuerpan a otro conocido padrecista como el diputado federal Agustín Rodríguez Torres, en la apertura de su oficina de enlace, justo un día después de haber atendido citatorio de la autoridad que le prepara expediente judicial en contra.

 

No es capaz tampoco de contener a los diputados locales Célida López y Armando Gutiérrez, quienes vociferan la inocencia del ex secretario de comunicación social, o peor aún, no cuidan las declaraciones de Javier Dagnino, quien ha convertido al Congreso del Estado en defensoría de oficio de Guillermo Padrés y su círculo rojo.

 

Parece que el PAN no entiende que las acciones legales que la Fiscalía Anticorrupción, la Contraloría del Estado,  la PGJE, y la PGR emprenden, son cosa seria.

 

Las sigue considerando como atentados a su integridad partidaria, y reaccionan no como el partido de oposición que todos esperan que sean, sino como un “club de Toby o la pequeña Lulú”, defendiéndose a manotazos y pedradas.

 

Ante tal contundencia de revanchismo y cinismo detrás de un “quien escupa primero gana”, el PRI debía, sin duda, mostrar esa rudeza necesaria, mostrada en la reunión ya descrita, para que vean los de enfrente, que aún habrá más.

 

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