Pide el Papa no minimizar la amenaza del narcotráfico

El papa Francisco llamó a los obispos del país a no minimizar la amenaza que representa el narcotráfico para todos los mexicanos, sobre todo para la juventud e incluso para la Iglesia católica.

En la Catedral Metropolitana, ante 165 obispos, arzobispos y cardenales, el pontífice subrayó: Les ruego no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia.

En un mensaje de 48 minutos, el máximo jerarca de la Iglesia católica añadió que el tráfico de estupefacientes tiene la capacidad de extenderse como una enfermedad y, ante ello, los ministros católicos deben tener la habilidad y el arrojo necesario para guiar a sus comunidades y actuar para ayudar a reconstruir el tejido social.

La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, pastores de la Iglesia, a refugiarnos en condenas genéricas, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral para contribuir gradualmente a entretejer aquella delicada red humana, sin la cual todos seríamos desde el principio derrotados por tal insidiosa amenaza.

Remarcó que este proyecto pastoral debe involucrar a las familias, a quienes están en las periferias humanas y existenciales, a las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad, porque sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la de quien muere como víctima, sea de la quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada.

Fue claro en que ante una realidad desafiante es infructuoso dar viejas respuestas a las nuevas demandas. Advirtió: ¡ay de ustedes si se duermen en sus laureles!, para luego llamarlos a superar la tentación de la distancia y del clericalismo.

Poco después de las 11 de la mañana, Jorge Mario Bergoglio ingresó al templo por la puerta santa y oró en silencio durante algunos minutos. Luego tomó su lugar en el presbiterio, frente a los obispos.

Ocupó la misma silla que hace más de 36 años utilizó Juan Pablo II en su primer viaje a México.

El pontífice firmó el libro de los visitantes distinguidos. Allí escribió que reza para que todos nuestros pueblos vivan unidos y nos les falte la ley y la fe. Recibió del cardenal Norberto Rivera Carrera una moneda de plata de cinco onzas y se tomó la foto oficial con los obispos. El fondo fue el Altar de los Reyes.

La bienvenida estuvo a cargo del arzobispo primado de México y del cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente del Episcopado mexicano.

Entre porras y pedidos de bendición, se dirigió a la sacristía de la Catedral, donde saludó al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien estuvo acompañado de familiares. También intercambió saludos con representantes de otras denominaciones religiosas.

El Papa exhortó a los obispos a poner énfasis en la atención pastoral de los jóvenes para evitar que sean seducidos por el crimen y les dijo que deben voltear a ver a los pueblos indígenas, los cuales no pocas veceshan visto masacradas sus culturas.

Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de Las Casas, reconoció en entrevista que el Papa nos dio una buena revolcada, pero consideró que no fue un regaño.

Compartir.